Desde hace unos años considero que es el rock nacional el estilo que mejor me define, el que más admiro y más me gusta. Y ya tardaba en poner algo de mi gusto por este género. No podía inaugurarlo sino con estas fieras extremeñas de nombre casi homónimo a su gentilicio, se trata de Extremoduro. Como siempre que expongo a uno de mis artistas favoritos, tengo problemas para elegir la canción. He elegido ‘A fuego’ del disco Yo, Minoría absoluta, que aterriza aquí desde el año 2002. Una de las cosas que más me cautiva de este grupo es que no es comercial. A ver, me explico, los 40 Principales los tienen vetados y muchas emisoras de radio no los radian nunca. Creo que si no existiera Internet y los antros rockeros, nunca hubiera escuchado este grupo. Lo descubrí, precisamente en un bar inolvidable hace aproximadamente siete u ocho años. Estos chicos la verdad es que no son lo que se dice un ejemplo como ciudadanos. Drogadictos, problemáticos, Rober Iniesta es el líder, el que más años lleva en una banda de correcalles, ya que en todos los años que llevan, han cambiado numerosas veces sus componentes. En 2008 sacaron su último disco que fue, sencillamente, poesía pura, porque muy a pesar de sus problemas, Iniesta tiene un algo especial para contar las cosas con una versatilidad sublime. Pondría Extremoduro en casi cualquier circunstancia, hasta en una cita romántica, para bailar, en una juerga, en momentos tristes, no sé, soy fan, aunque nunca he ido a un concierto, no me hace falta, pues sus canciones me llegan y me transmiten cosas con las que me identifico, sin cortapisas, sin rodeos. Supongo que cuando uno tiene esas etapas nada ñoñas, aparece ese ser un tanto jactancioso, orgulloso, rebelde y anarquista de sentimientos para ceñirse, como lo hacen ellos, en el Río Aqueronte del otro lado de la música.
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