Una de esas canciones de despecho, de tristeza absoluta
cantada por el indiscutible rey de la ranchera-bolero, Javier Solís, que en
1961 pidió a Dios poder olvidar a aquella mujer, no recordarla, ni tan siquiera
nombrarla. Al hacerme con la discografía de Javier Solís mi cultura musical
adquirió otra dimensión, pues supe de un montón de canciones que no imaginé
nunca que fueran tan viejas. Es el caso de “Ayúdame Dios mío”. La primera vez
que la escuché fue por medio de Tamara, que en su disco ‘Gracias’ del año 1999
sacó una versión de esta canción. Fue aquella la primera vez que la escuché.
Por aquel entonces tenía novia, estaba en Asturias y aunque era una canción
triste, ambos teníamos gusto por aquella cantante en ciernes. A mí me recuerda,
de forma paradójica a todos aquellos momentos que viví en Asturias, en Gijón,
en aquella etapa que quisiera que volviera pero jamás volverá. En este caso
creo que me es imposible elegir entre la versión de Tamara y la del disco ‘Enamorado
de ti’ de Javier Solís. Son demasiados recuerdos, demasiada belleza, con una
letra que me permitiré ponerla porque creo que la canción, lo vivido que está
dentro de mí, lo vale. Es una de las canciones de mi vida, sin duda alguna. Y
además me siento reflejado en esa letra porque más allá de lo vivido en tierras
astures, posteriormente sí que pedí muchas veces el poder olvidar a alguien.
Continúo con los boleros y el mundo latino. Esta vez traigo
a uno de esos compositores reconocidos por muchos: Armando Manzanero. Gracias a
él salió a la luz, en el año 1960, en el disco ‘Mi primera grabación’ la canción
“Voy a apagar la luz”. No puedo mentir, pese a que es de Manzanero, no puedo
evitar sentir una predilección especial por la versión de Luis Miguel que
publicó en el disco ‘Romances’ en el año 1997. ¿Cuántas veces habré escuchado
esta canción? Cuando comencé a trabajar con 17 años fue canción de fondo en la
que soñaba con días mejores, liberado de aquellas trabas profesionales y que mi
imaginación volara. Nunca lo olvidaré. Esta es otra ocasión en la que no puedo
evitar decir que prefiero la versión que la original.
Cambio totalmente de tercio, de estilo musical y hasta de
idioma para recordar de nuevo a Javier Solís, el llamado rey de la
ranchera-bolero, un género que tengo ocultamente reservado para mí. Fue Javier
Solís el que sacó por primera vez al mercado la famosa canción –en el mundo
latino-, “Noche de ronda”. Salió al mercado en el año 1960 en el disco “Lara,
Grever, Baena”. Tiene innumerables versiones como las grandes canciones: Los
Panchos o Luis Miguel. Yo tengo que reconocer que esta canción la escuché por
primera hace una docena de años por la voz del también mexicano –boricua en
realidad, pero mexicano de adaptación-, Luis Miguel. Aquel disco de boleros de
Luis Miguel me marcó definitivamente. Fue una de esas melodías inolvidables.
Años después, cuando me aficioné a sacarle punta e información a esto de la música
descubrí que en realidad la canción tenía nada menos que más de tres décadas. Tantas
noches de ronda que habré hecho en busca de ese amor nunca correspondido…
Bueno, por motivos de emotividad dejo la versión original de Javier Solís y la
de Luis Miguel, del disco ‘Romances’ del año 1997, versión que me enamora
absolutamente y que me recuerda, entre otras, a esas noches en la playa (…)
Continúo con los grandísimos y viejos éxitos de la década de
los 50s. Esta canción tiene tantas versiones casi como años desde que salió al
mercado. “Johnny B Good” es otra canción, para mí, irresistible para bailar,
como demuestra el hecho confesable de haberla bailado en casi todos los
ámbitos, tanto públicos, como privados. Esta canción fue publicada en el año
1958 en el disco que llevaba por título ‘Chuck Berry is on top’. Chuck Berry
fue uno de los cantantes que más escuché en aquella etapa en la que de noche,
antes de acostarme, escuchaba la radio con todos los éxitos que pensé que nunca
volvería a escuchar porque la tecnología no permitía sino grabar las canciones
en casettes y poco más. Según he averiguado, esta canción ocupa la séptima
posición de las 500 mejores canciones de la historia según la revista Rolling
Stone. Hombre, yo creo que no es para tanto, pero claro, en estas cosas de las
clasificaciones se juega con un alto grado de subjetividad. ¿Versiones? Carlos
Santana, Judas Priest, Jimmi Hendrix, George Harrison, Elvis Prestley, etc,
etc, etc…. Pero sin duda, la mejor, la original de Berry.
Juro que me tengo que contengo muchísimo para no poner a mi
grupo favorito. Aún así, según las intachables estadísticas mi grupo favorito
es el que más canciones contiene en este blog. No lo puedo evitar. Pero hacía
tiempo que no ponía nada de mis adorados Beatles. Bueno, en este caso no son
exactamente los Beatles, sino el grupo anterior llamado The Quarrymen. Se trata
de la canción “That’ll be the day”, con un sonido de maqueta impresionante. La
grabación data del año 1958 y en ese grupo faltaba Ringo Starr y aún les faltab
a un par de años para comenzar a ser lo que realmente fueron después, de ahí
que sea increíble escuchar esta maqueta que descubrí no hace mucho porque así
de ignorante soy yo. Sin embargo, fue amor a la primera melodía. Sólo ese
vetusto sonido vale la pena. Vuelven los Beatles pero disfrazados de Quarrymen.
Si hubo una canción de la que me enamoré cuando fui muy, muy
joven, esa fue “Great ball of fire” de
Jerry Lee Lewis. Me parece una canción irresistible. ¿Cuántas veces bailé esta
canción en mi casa cuando era pequeño? No sé, cientos de veces. Estuvo muy, muy
presente en mi cabeza, en mi discografía desde que tengo uso de razón gracias a
mi pasión por la radio. Esta canción fue sacada en un single en 1957 y el solo
de piano a mitad de la canción es bestial. Os dejo con esta necesaria canción.
Muy, muy necesaria para esos días de celebración o irracionalidad, ¿por qué no?
Esta canción debe ser, al menos, una de las más conocidas de
todos los tiempos. Ha sonado en películas, radios, televisiones y todo tipo de
instrumentos. En mi caso la conocí de bastante pequeño, de mi etapa en aquel país
lejano al que ahora me encuentro. Posteriormente, ya con una docena de años,
mientras escuchaba los viejos éxitos me curtí
en esas cancioncitas. Bueno, a todas estas, que casi se me olvida el
nombre de la canción, se trata de “Rock around the clock” de Bill Haylley and
The Comets, que salió al mercado en el año 1954 en el disco homónimo a la canción.
Supongo que esta canción me ha acompañado de fondo en innumerables ocasiones y
no en pocas veces la he bailado de una forma espontánea, no es que tenga una
gran historia. Pienso, no obstante, que es una canción que ha de ser conocida,
que forma parte de la cultura musical. Os dejo, pues, con el rock alrededor del
reloj.
Pues creo yo que no es mala idea continuar con las canciones
‘oldies’ que vengo haciendo desde hace un mes. Sin embargo, ahora, será un poco
a discreción. Esta canción, “I’m your hoochie coochie man”, de Muddy Waters me
recuerda a dos cosas, por una parte, a esas noches en aquel tugurio donde me
ponía hasta arriba de margaritas y ajedrez, y en estos últimos tiempos, a un
amigo que toca la armónica que lo hace de maravilla. Este blues, que conozco
hace unos años no es que haya estado especialmente presente, pero creo que sería
justo ponerlo porque forma parte de pequeños grandes recuerdos de hace unos
cinco años atrás. Esta canción, como decía de Muddy Watters, es del año 1954 y
la canción salió a través de un single.
Hace aproximadamente dos años que
me empeciné en esta canción. La escuché cientos y cientos de veces durante un
proceso complejo y duro. Lo bueno fue que me inspiró muchísimo en esos
momentos. Tonto de mí, no supe que la canción “A las puertas del deseo” que en
un inicio le atribuí a La Fuga
–cuando todavía estaba Rulo-, en realidad no era del grupo cántabro. Fue hace dos
semanas cuando descubrí que en realidad la canción de La Fuga sólo era una
versión del tema que nueve años antes había hecho un grupo de Zaragoza llamado
Tako. Fue en 1989 cuando sacaron el disco bajo el mismo nombre que la canción. En
1998 La Fuga, en
su disco en concierto llamado ‘Un juguete por navidad’ tocaron esta canción. Una
canción reivindicativa, habla de un asesinato, de muerte, de sueños, de cosas
que subyacen en la mera letra de esta canción. Pongo, como es uso y costumbre
la canción original y la versión
No me puedo resistir a poner esta canción. Es una delicia exquisita, digna de ser escuchado despacito, poco a poco, en un momento de relax. Estuve varios días pensando en ese tipo de música que escuchaba en aquel antro de margaritas y ajedrez hace años. Sólo me acordaba de un nombre, pero no del grupo -y eso que lo tengo apuntado en la lista-, su nombre pasa desapercibido. Los he tenido relegados a un puesto demasiado discreto pero cuantísimas noches se me han puesto los pelos de punta escuchando a...Cannet Heat. Da igual la canción mientras sea del disco "Living the blues". Un disco publicado en el año 1968. Para comenzar expongo la canción "Sandys blues" porque es sublime, es algo orgásmico para mi. Es arrebatador. Se me están acabando los adjetivos, lo juro. Pero es que viví muchas noches cada fin de semana en aquel lugar donde tenía la suerte de que ponían discos enteros de Cannet Heat. No hace demasiado tiempo que conocí de su existencia, no más de siete años, y cuando supe quienes eran... fue, como dije, arrebatador. "Sandy blues" es una canción de casi siete minutos de duración, un semi-balada blues con aire incluso más añejo del que ya de por si tiene. El 'solo' de guitarra que comienza en el minuto 3.10 es sublime. Era uno de los grupos que me faltaba por poner en mi blog musical. He tardado, pero más vale tarde que nunca. Espero que a vosotros, al igual que a mí, os apetezca recostaros por la noche y gozar con la meliflua cadencia de su sin par melodía en estas singulares y únicas "arenas azules".