No va más. Dentro de un, dos,
tres días me juego la primera de las tres finales en mi carrera. No hace falta
que nadie me ponga ningún peso, ya lo hago yo por el resto y por mi mismo. Es
tiempo de motivación, es tiempo para fortalecer la cabeza perjudicada,
hastiada, agotada. La canción que pongo es habitual en mis objetivos. “Simple
the best”, de Tina Tarner, canción del año 1991, del disco que lleva el mismo
nombre de la canción. Cuenta un leyenda que el llamado ‘Dios’ del baloncesto
mundial, Michael Jordan se ponía esta canción antes de cada partido para
motivarse. Yo estoy a infinitos años luz de ser el Michael Jordan de mi
carrera, pero lo que nos une es esta canción que actúa como las espinacas de
Popeye. No pretendo ser el mejor –aunque me gustaría-, pretendo ser bueno y
salir adelante aunque en el fondo se trate de cuestiones con poco sentido en
los momentos en los que está cayendo muchísima injusticia a todos los niveles.