Año 1984, época de efervescencia musical por excelencia, donde los certámenes de música aún significaban mucho al tanto que los que participaban se hacían famosos o sus canciones alcanzaban cotas de éxitos que quizá hoy día, ya no. Fue esto lo que le sucedió a Daniela Romo con su éxito “Yo no te pido la luna”. En el festival de San Remo de aquel año fue cuando alcanzó grandes cotas de fama en el viejo continente, y esta canción, en particular, sonó intermitentemente en las radios. Romo es mexicana y por lo menos yo, sólo la conozco por este hit que fue una bomba. Yo lo escuché al poco de aterrizar en España a finales de los ochenta, y creo que de refilón en mi país de nacimiento, pero fue sobre todo en el seno de la casa de mi abuela, como no, donde germiné el recuerdo de esta canción. Se trata de una letra perfectamente estudiada, una letra de amor en la que hay que conformismo: “Y no te pido la luna, tan sólo quiero amarte, quiero ser esa locura que vibra muy dentro de ti, sólo te pido el momento de rescatar esa piel y robarme esa estrella que tenemos tú y yo al hacer el amor”. Pide poco la buena moza, ¿no? O quizá rebaja mucho el estatus del sentimiento amoroso, como si amar fuera menos que llegar a la luna, o puede que yo esté muy tiquis miquis. Bueno, la penúltima canción, procedente del álbum de 1984, Amor prohibido, la mexicana Daniela Romo, no te pide la luna, sólo amarte.