Uno de repente se levanta un poco así, con el orgullo subido y la moral un poco jaquecosa, como diría una amiga palmera, un poco “perlujito”. Y en eso me suele suceder siempre, que se me viene a la cabeza una canción. Hoy la que ha estado rondándome desde el principio del día ha sido “No”. Un título contundente y no exento de belleza en sus autores que son varios. Me eché la siesta de media hora de descanso escuchándola de fondo y estoy deseando escucharla antes de acostarme durante mucho tiempo para convencerme de algo. En lo objetivo, sé que esta canción ha sido cantada, que sepa, por tres personas. En 1967, originariamente la cantó el gran MAESTRO Armando Manzanero. No creo que no haya una canción que no me encante de él. Recuerdo haberme pasado parte de mi adolescencia escuchando todos sus grandes éxitos, entre ellos “No”, por supuesto. Ese mismo año, en el 67 otro mexicano, Carlos Lico en la película “El Zángano”, la versionaba con un sentimiento desgarrador. Años más tarde de nuevo el maestro Manzanero junto con Edith Marquez la reeditaría (para mí peor versión que la primera de todas que sacó). Y en 1994, Alejandro Fernández sacó el disco “Grandes Éxitos a la manera de Alejandro Fernández” en donde versionaba la canción “No” dándole un toque renovador, despechado y sentimental al mismo tiempo. Es difícil elegir para mí, puesto que le tengo un cariño máximo, y respeto a Armando Manzanero y su primer “No”, pero la versión de Alejandro Fernández es arrebatadora. Yo me niego a elegir. Pero este “No” no es un “No” de negación, es uno “No” de auto regeneración y por qué no, de una ambivalencia socio-sentimental necesaria. Pensad lo que queráis, en el fondo, sólo hablo de música.
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