Recuerdo como si fuera ayer esta
canción. Tenía 13 años. Estaba locamente enamorado de una chica –como no-. Estuve
suspirando por aquella moza unos dos o tres años pero no me hizo caso. Fue por
aquel entonces cuando el romanticismo más empalagoso se apoderó de mí y “Por un
beso” de Revólver se convirtió en una obsesión. Tengo que reconocer que me flipé
bastante por aquella chavala. Fue muy bonito lo que sentí porque tampoco le hacía
daño. Estaba más bien contemplativo. En aquel entonces no era el valiente a
pecho descubierto que fui luego. No me importaba nada con tal de darle un beso.
Es más, estaba convencido de que, por arte de magia, al darme un beso se
enamoraría perdidamente de mí. Nada más lejos. Estaba demasiado ensimismado de
historias de amor de películas, novelas y canciones que versaban sobre la
misticidad y benevolencia del amor y el sentimiento que todo lo puede. Sí,
siempre fui precoz en esos sentimientos. Pero es que aquella chica me hacía
caso, hacíamos buenas migas, nos reíamos pero todo cambió cuando los demás
empezaron con las bromas de que éramos novios. Ella entonces optó por alejarse.
Fue cuando caí. La canción de Carlos Goñi, como he dicho se convirtió en el
himno de aquella chiquilla que no sólo no me hizo caso, sino que con el paso
del tiempo se convirtió en una de esas historias tristes, frustrantes y con
triste final como en otras tantas historias de mi vida. Siempre que escucho
esta canción recuerdo un buen puñado de historias con aquella niña. La canción
procede del pedazo discazo “El Dorado”, publicado en el año 1995. Este disco de
Carlos Goñi para mí fue uno de los mejores. Hoy día, con la perspectiva del
tiempo, de la edad, sí que pienso que de una forma extraña, sí que bien vale
morir por un beso de amor, al menos uno más. Sólo si es verdadero. Sólo si con él
se consiguiese algo entre dos personas implicadas e imbricadas en el mismo
sentimiento. ¿Qué estarías dispuesto a hacer tú por un beso?
Pensando, pensando, hace ya un par
de semanas me pasé toda una tarde-noche escuchando esta canción que por
casualidad se puso en mi camino después de mucho, mucho tiempo. “Para tocar el
cielo” de Tontxu. El cantautor vasco, -bilbaíno para más señas-, sacó allá por
el año 1997 su disco “Se vende”, y en ese álbum estaba esta canción. Sin
embargo, cuatro años más tarde se juntó con el fallecido y ex Nacha Pop,
Antonio Vega para hacer, en directo, una versión sublime de esa canción. Es la
que pongo aquí precisamente. Tiene una letra preciosa, como no podía ser de
otra forma viniendo de Tontxu. A Tontxu lo conocí en persona en diciembre de
2011. Fue increíble verlo en las calles de Bilbao. Un tío super majo. La verdad
es que nunca olvidaré aquel encuentro. Hablamos con total naturalidad. Yo aluciné mucho, la verdad. Pese a que no sean sus canciones las que
más he escuchado, tiene unas cuantas que son una oda a la belleza musical, con
unas letras muy cuidadas, de ahí que le tenga mucho respeto. No me importaría
nada ir a un concierto suyo. Dejo esta pedazo melodía que escuché hace ya más
de dos semanas y que me ayudó a estar más tranquilo.
Después de dos semanas consecutivas –quien me vio- de canciones de los años 50s y 60s con alguna por
ahí que se escapó, hoy llego a un cierto fin de estas canciones de hace medio
siglo aproximadamente. Pongo el fin –temporal, claro está-, con una canción
también tremendamente significativa para mí. La “Unchained Melody” de The Righteous
Brothers, así, sin más, puede que a muchos no le suenen. Pero basta decir que
fue la canción con la que, segurísimo, muchos –entre los que me incluyo, por
supuesto-, lloramos en los 90 mientras veíamos a Patrick Swayze y Demi Moore en
la película “Ghost, más allá del amor”. Yo por lo menos lloré a mares con esta
canción. Fue la primera película con la que me harté a llorar. Ya supe que no
podía ser un chico duro –salvo en la apariencia, ya de mayor y fruto de otras
circunstancias-, ya supe que lo mío era el romanticismo y el sentimentalismo. Pese
a que en los años 90 se hiciera famosa, lo cierto es que la fama le llegó bastante
más temprano, concretamente en el año 1965, cuando salió al mercado bajo el
disco que llevaba como título “Just once in my life”. Esta fue una de las dos
canciones que tenía en mi cajón privado con la letra de la misma como si fuera
un tesoro. El romanticismo de esta canción esta fuera de toda duda. Pero más allá
de eso, a mí me quedó grabada la escena en que Demi Moore estaba haciendo cerámica
en el torno y llegó Patric Swayze y acabaron haciendo el amor mientras en
aquella FANTÁSTICA gramola sonaba de fondo esta canción. También aquel final en
el que él, ya muerto, se despedía de ella. Aún lo recuerdo y me emociono. Creo
que después de las primeras diez veces, nunca más fui capaz de verla debido a
la gran tristeza que me provocaba. Un amor imposible, roto por la muerte,
corrompido por otras cuestiones. Me parecía un final demasiado cruel para un
soñador como yo. Esta canción es historia viva de mi persona, de mis sueños, de
mis ilusiones, de mi idea romántica del amor, de mi pasado, de mi presente y
puede que hasta de mi futuro. Creo que no podía despedir mejor estos días de
canciones ‘oldies’ que con el temazo de este dúo.
Alguno podría pensar que esta
canción va en plan friky, pero nada más lejos. Lo es por lo sucedido en los
años 90 con “The fresh prince of Bell-Air”, pero no es friky. Tom Jones -por cierto, quién lo ha visto y quien lo ve- allá
por el año 1965 sacó al mercado “It’s not inusual” en el disco “Along came
Jones”. Luego ya casi todos los que vieron la tele vieron a un pequeño hombre
negro bailar de forma quasi ridícula. Aunque en honor a la verdad, tengo que
reconocer que se me daba de perlas imitar a aquel hombrecillo. Lo hacía bien,
qué narices. La canción es divertidísima, y ha formado parte de momentos muy
divertidos en mi vida. En los últimos tiempos fue la canción que cerraba las
actuaciones del grupo de teatro del que formo parte, así que no es extraño que
lo tenga en tan buena estima. Frikada o no, la cancioncita de marras tiene 47
añazos y es indiscutible asociar la canción a ciertas cosas, como a este
divertido personaje y a otros más ridículos incluso. No me cansaría de verlo…desbordaba
energía, felicidad, inocencia…¿Cuántas veces habré bailado de una forma similar
y los demás me habrán mirado como Will Smith miraba a su primo? No lo sé, pero
yo era feliz, muy feliz. Por eso esta canción me encanta.
Si es que me quedan muchísimas
canciones y sobre todo cantantes que mencionar. Es este el caso, el de esta
mujer con una voz sublime, con canciones impresionantes y creo que había sido
tremendamente injusto conmigo mismo. Sin embargo para inaugurar el ‘marcador’
de Eunice Kathleen Waymon, alias Nina Simone, seré poco original y pondré la
canción “Feeling good”, una canción que encima, no es de ella…por poco. Fue
hecha para un musical y el mismo año, es decir, en 1965, bajo el disco que
llevaba por nombre “I put a Shell on you” salió este temazo. Auténtica grandeza
de la música en la voz de Nina Simone. Una voz increíble, como tantas otras.
Existen versiones buenísimas, pero escuchar la voz de Nina bien vale una
singularidad como la que aquí pondré. No sé si será mi estado de ánimo, pero
reconozco haber escuchado esta canción en momentos de gran, gran seguridad
personal porque es lo que me alienta este tema.
Vuelvo de nuevo a John Mayall
& The Bluesbrakers with Eric Clapton, el disco del año 1966 que para mí está
en el Olimpo de los dioses. Esta vez voy a por la que considero canción
estrella del disco: “All your love”. De nuevo se me ponen los pelos de punta. ¿Qué
más puedo decir de todos estos? Noches eternas en aquel garito que, cuando quería,
ponía durante toda la noche este discazo y otros de John Mayall. Entre litros
de margarita, litros de cerveza negra y Legendarios, acababa extasiado de
musicalidad sin importar quién estaba al lado. Comenzaba jugando al ajedrez y
al cabo de las horas, daba igual todo. La música se introducía por cada poro de
mi piel. Igual existía vacuidad de sensaciones sociales o sociabilizadoras,
pero había adquirido algo que no se podía expresar con palabras. En síntesis:
muchas noches etílicas con experiencias gratas que guardo como un gran
recuerdo.
Me adelanto un poquitico de las
canciones que estos días he puesto. Me salgo de los 50s y 60s para poner algo
que muchos –o todos, creo yo- coincidirán en que es un poco una frikada. Hacía
tiempo que no ponía algo parecido. Se trata de la canción “I’m looking for a
freedom” del solitario-rebelde-vigilante de la playa-hombre para todo, David
Hasselhoff. ¿Cómo habré descubierto a este hombre cantando? Pues tenía que ser
de una forma también extraña. Escuchando una retransmisión de Antoni Daimiel de
un partido de la N.B.A,
contaba una anécdota del pívot alemán de los Dallas Mavericks, Dirck Nowitzky,
según la cual, el alemán cuando iba a tirar un tiro libre contaba el estribillo
de esta canción. Y creo que la anécdota es muy cierta. Tontamente os acabo de
desentramar algún rasgo de mi personalidad pero era necesario para contar el
por qué encontré esta rareza. La canción tiene de fondo imágenes del Coche Fantástico
porque fue la época dorada de este…hombre para todo. El disco, evidentemente,
lleva el nombre de la misma canción y fue publicado en 1988. Mitos aparte, he
de reconocer que me gusta mucho la canción, es pegadiza, y hace ya varias
semanas estaba con un par de amigos y comencé a cantar esta canción mientras
estaba de pateo. Vale, creo que hoy ya he desvelado varios rasgos personales,
pero como decía, era necesario. Os dejo buscando la libertad con esta frikada.