
Recuerdo como si fuera ayer esta
canción. Tenía 13 años. Estaba locamente enamorado de una chica –como no-. Estuve
suspirando por aquella moza unos dos o tres años pero no me hizo caso. Fue por
aquel entonces cuando el romanticismo más empalagoso se apoderó de mí y “Por un
beso” de Revólver se convirtió en una obsesión. Tengo que reconocer que me flipé
bastante por aquella chavala. Fue muy bonito lo que sentí porque tampoco le hacía
daño. Estaba más bien contemplativo. En aquel entonces no era el valiente a
pecho descubierto que fui luego. No me importaba nada con tal de darle un beso.
Es más, estaba convencido de que, por arte de magia, al darme un beso se
enamoraría perdidamente de mí. Nada más lejos. Estaba demasiado ensimismado de
historias de amor de películas, novelas y canciones que versaban sobre la
misticidad y benevolencia del amor y el sentimiento que todo lo puede. Sí,
siempre fui precoz en esos sentimientos. Pero es que aquella chica me hacía
caso, hacíamos buenas migas, nos reíamos pero todo cambió cuando los demás
empezaron con las bromas de que éramos novios. Ella entonces optó por alejarse.
Fue cuando caí. La canción de Carlos Goñi, como he dicho se convirtió en el
himno de aquella chiquilla que no sólo no me hizo caso, sino que con el paso
del tiempo se convirtió en una de esas historias tristes, frustrantes y con
triste final como en otras tantas historias de mi vida. Siempre que escucho
esta canción recuerdo un buen puñado de historias con aquella niña. La canción
procede del pedazo discazo “El Dorado”, publicado en el año 1995. Este disco de
Carlos Goñi para mí fue uno de los mejores. Hoy día, con la perspectiva del
tiempo, de la edad, sí que pienso que de una forma extraña, sí que bien vale
morir por un beso de amor, al menos uno más. Sólo si es verdadero. Sólo si con él
se consiguiese algo entre dos personas implicadas e imbricadas en el mismo
sentimiento. ¿Qué estarías dispuesto a hacer tú por un beso?
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