Comencé a escuchar “God sabe us all” de Lenny Kravitz en mi travesía pirenáica. Ayudó a mimetizarme con el paisaje, tanto durante el trekking como durante el viaje de vuelta. Fueron buenos momentos en los que creía que podía romper un billete de autobús, en el que creía que podía lograr que alguien estuviera frente a frente en una cafetería en mitad de Madrid. Eran momentos en los que aún creía en mí y en la capacidad para que alguien, el destino, nos lo diera todo porque nos lo merecíamos. A eso me recuerda y aunque sopló con escasa fuerza, estuvo ahí también cuando una persona a la que dediqué unas palabras en mi otro blog, falleció y dejó a alguien importante muy por los suelos. Dios nos ayuda, el Dios que tú quieras que sea, aunque éste sea de carne y hueso o sólo una deidad primitiva. Da igual.

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